No hagan juego, señorías
No parece de recibo que el reparto de prebendas en un área económica que, en el campo del interés general, ni está ni se le espera, ocupe un lugar predominante en el templo de la representación popular que es el Parlamento, y mucho menos con esa pasión y ese ardor guerrero tan faltón y desmadrado que ya nos gustaría se diera, por un poner, en cualquiera de los escasos debates sobre los asuntillos anteriormente enumerados. Es como si de pronto el ser o no ser de nuestra región pasara por cero o cinco casinos más o menos y, con ser surrealista la cuestión, tampoco es como para portada del BOC o movilización multitudinaria.
Lo de María Australia, que es decir el PP, que es decir José Manuel Soria y, a lo que parece, es decir también el Ejecutivo canario en peso, es de rechifla. Se nos pone ahora en plan Agustina de Aragón de la causa antimonopolística y no en asuntos como la electricidad, las comunicaciones, el agua o el gas, sino, acérquense bien al texto, en el juego. Sí, han leído estupendamente. Y se muestra firmemente antimonopolista cuando, en realidad, no existe ningún monopolio, ya que cada uno de los casinos que funcionan en el Archipiélago son hijos de su padre y de su madre, es decir, de las distintas empresas que los gestionan en calidad de concesionarias. Bueno, sí que hay un monopolio, que es el del Estado, auténtico dueño y señor de esta actividad, pero no creo que Navarro se refiera a eso, que tampoco le vemos maneras de nueva Pasionaria. Y mantiene erre que erre su posición, a pesar de los informes que revelan el incipiente declive que experimenta el sector, la crisis turística y la firme oposición de la asociación nacional de casinos.
Lo de Hernández Spínola, que es decir el PSC, que es decir Juan Carlos Alemán y, a lo que parece, todo su entorno mediático, no le va a la zaga. Aun compartiendo su criterio, no entendemos el frenesí con que se han sumado a la partida en comparación con la tibieza con que suelen ejercer su papel de oposición en otras tablas.
Lo realmente lamentable sería que, al final, el cruce de acusaciones al que asistimos el miércoles en el Parlamento tuviera su correspondencia con la realidad. Es decir, que unos y otros no defendieran más que las cuentas corrientes de amigos y allegados. Lamentable y grave. Mucho. Demasiado.
Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
viernes 25 de junio de 2004
Es tiempo de balances. Las corporaciones locales que hace poco más de un año iniciaron sus mandatos tras el primero de los tres comicios que han marcado el rumbo de la política española en este corto período de tiempo viven estos días inmersas en una vorágine de informes, flashes y ruedas de prensa. Como era previsible, la visión del primer cuarto de las respectivas tareas institucionales es radicalmente distinta según el enfoque de gobiernos y oposición. Pero podríamos decir, sin riesgo de exageración, que en este caso se han pasado un pelo tanto unos como otros. Diríase que más que ante el balance de un año estamos ante el cómputo de un mandato completo, que mañana hay elecciones y que los partidos engrasan sus máquinas de generar demagogia sin límites a la búsqueda y captura del voto.
Fenómenos, somos unos fenómenos. Iñaki Sáez es un fenómeno. Villar es un fenómeno, Raúl es un fenómeno, el niño Torres es un fenómeno, los periodistas somos unos fenómenos y la afición es fenomenal. Somos así, por naturaleza, por historia, por entidad, por calidad y porque nos da la real gana. ¿Que nuestra selección lleva cuarenta años sin comerse un rosco en competición oficial? Da igual. ¿Que nuestros jugadores son incapaces de hacerle un gol al arco iris o de contrarrestar el terrible poderío de una potencia mundial como, por ejemplo, Grecia? Ya ves. ¿Que nuestros seleccionadores confunden cabezonería con táctica y estrategia, o buen juego con patadón y tentetieso? Y qué. Somos lo mejores y sobre eso no hay realidad, derrota, hecatombe o ridículo que prevalezca. Somos la furia roja, así, con un par lailolailo. Es decir, según recoge el Diccionario de la Academia, la demencia y la ira en grado sumo; pero en grana, que canta más.
Vamos a ver. A mí que me lo expliquen, que me lo piquen menudo, como decimos por estos lares. ¿A qué viene lo de la paella en El Confital, teniendo el sancocho, el potaje de berros, la ropavieja o el caldito de pescado tan a mano? Por más que lo quiero entender, no logro explicarme el desaire de la alcaldesa hacia nuestro acervo gastronómico y costumbres más o menos ancestrales. ¿Es mejor el arroz que la batata? ¿Tiene más pedigrí una gambilla que un buen cherne resalado? ¿Inspira más el limón que una pella de gofio? ¿Es más confitalera la fritura de la huerta que la papa del país? ¿Qué se esconde detrás de esta mezquina operación de nuestra aspirante a supernena? ¿Constituyó la fiesta del pasado sábado una alegoría, una representación onírica de las verdaderas intenciones municipales sobre el futuro del paraje?
Los acontecimientos en torno a las relaciones Canarias-Marruecos se precipitan. Tras la reciente visita del presidente del Ejecutivo autónomo, Adán Martín, al país vecino y la puesta en marcha de diversos proyectos empresariales y de cooperación, las noticias, reacciones, posicionamientos e iniciativas se multiplican en los medios, a lo que hay que añadir el anuncio de las maniobras canario-españolas-otánicas-estadounidenses-marroquíes que se celebrarán el próximo mes en aguas internacionales a, dicen, cien millas al norte del Archipiélago. Se trata, como ya hemos expresado en otras ocasiones, del primer acercamiento institucional y económico serio y articulado de las Islas hacia el continente africano. Por más que algunos se inventen ahora lazos históricos entre ambos pueblos, argumentando la cantidad de ciudadanos marroquíes que viven con nosotros y remontándose a datos estadísticos de la época de la dictadura, de cuando la colonia española, para dibujar una gran presencia comercial canaria en Africa, lo cierto es que esa relación histórica a la que se hace referencia es, en todo caso, una historia de desencuentros; la cantidad de ciudadanos marroquíes que viven con nosotros se reduce a un 2,6% de la población frente al 22% de alemanes, el 12% de ingleses o el 8% de colombianos, por citar sólo los más significativos; y la gran presencial comercial queda reducida a una treintena de empresas con un peso testimonial, tanto en Marruecos como en el propio Archipiélago.
Básicamente, la postura del Frente Polisario respecto a las nuevas relaciones canario-marroquíes se reduce a dos apercibimientos: a) Canarias debe cuidarse de realizar acciones comerciales en el territorio del Sáhara, porque eso supondría de facto reconocer la soberanía marroquí y atentar contra la legalidad internacional; y b) Canarias debe defender la independencia del Sáhara porque con la RASD las relaciones serán más fáciles que con Marruecos. El primero de los puntos entra, efectivamente, en el terreno del derecho internacional y en el conflicto cada vez menos armado entre polisarios y marroquíes. En este sentido, no podemos estar más de acuerdo con la reivindicación saharaui, pues la apertura, desarrollo y consolidación de las negociaciones con el reino de Marruecos no sólo deben inscribirse dentro de la legalidad y de las resoluciones de Naciones Unidas, sino que entendemos que tienen que ir incluso más allá, promoviendo la rectificación del error histórico que supuso el abandono del Sáhara sin un proceso de descolonización que garantizara el derecho legítimo de sus habitantes a la autodeterminación. El Gobierno de Canarias debe ser especialmente hábil y cauteloso en este terreno para que la soberanía sobre el antiguo territorio español no sea utilizada como moneda de cambio en los acuerdos que se pretenda establecer.
Hablar es sano, sobre todo si no se hace solo, que dicen que es fatal. Compartir opiniones, contrastar criterios, matizar o variar consideraciones, en definitiva charlar, discutir o debatir son expresiones de una buena salud mental manifiesta. Sostienen los expertos de la psique que los extremos que se distancian de tal verdad conducen indefectiblemente a la locura. El ser privado de la comunicación, aislado en el gesto, la visión o la palabra empequeñece y se diluye en el paraje, como un elemento extraño de la naturaleza. Se vuelve casi animal, pero animal enfermo, atormentado por la contradicción entre consciencia e impotencia. Herido, perdido, desarmado. De igual forma, aquel que se arroga la exclusividad de pensamiento, quien en contacto con sus semejantes los ignora o los somete a sus consideraciones pervirtiendo o minando la esencia misma de la comunicación, ése también sufre de enajenación, de una demencia totalitaria que da lugar a la intolerancia, el fundamentalismo, la represión y la dictadura. El náufrago perdido en una isla desierta y el sátrapa que aborrece las diferencias se identifican en lo fundamental: ambos han sido desposeídos de su naturaleza humana.
La crisis turística a la que parecemos irremisiblemente abocados, y que algunos continúan empeñados en minimizar, comienza a conmover los cimientos del sector a escala nacional (no es, desde luego Canarias la única afectada por la recesión). Los empresarios, instituciones y demás estamentos implicados en esta actividad que ha supuesto uno de los mayores motores de la economía española en los últimos cincuenta años comienzan a rediseñar estrategias, pergeñar soluciones y corregir prácticas y conceptos. En definitiva, comienzan a reaccionar ante un oscuro panorama que sólo el imprudente se atreve a intentar clarear con mensajes caducos, frases grandilocuentes y brindis al sol que no sólo no sirven para tranquilizar al cliente, por lo general bastante bien informado y con intereses definidos, sino que posponen la reactivación de forma indefinida, con todo el riesgo que ello comporta.
Europa ha hablado. Bueno, la mayoría de ella ha optado por callar, que es otra forma de expresión y que, al menos en este caso, poco o nada tiene que ver con otorgar, sino más bien todo lo contrario. Cualquier demócrata en su sano juicio debería eludir en estos días el debate sobre quién ha ganado las elecciones y centrarse en el análisis y la autocrítica, es decir en qué tipo de Europa se construye y el porqué de ese rechazo generalizado, a través de ese impresionante mutis por el foro que ha sido la abstención, de casi el sesenta por ciento de la población.
El balón de la Eurocopa 2004 comienza a rodar esta misma tarde con el debut de la selección española en el campeonato, frente a Rusia, incluido en el menú del día. Los de Iñaki Sáez vuelven a enfrentarse al fantasma del bluf que ha acompañado al combinado español a lo largo de la historia de sus participaciones oficiales, un tanto menos en la competición europea, donde ha alcanzado un primer y un segundo puestos, pero claramente manifiesta en los mundiales, donde los propios errores, la mala suerte y las apreciaciones arbitrales han acabado siempre por negarle una corona que por historia y calidad sin duda merece.
Si es que no ganamos para sustos. Los canarios no nos hemos recuperado aún ni se atisba cuándo de la sombra que proyectan los nubarrones de la crisis sobre el turismo en particular y el conjunto de la economía en general, de las prospecciones petrolíferas, del descenso de la UD, de los datos sobre los niveles de pobreza en la región, del revés de Ramón en Eurovisión, de la euforia folclórica del Día de Canarias o de la infantil partida de escondite que se traen entre manos Fernando Fernández y Manuel Medina en torno a los debates, que si tú, que si yo, que si aquí, que si allá... espectacular. Perdón, que me pierdo. Digo que todavía andamos penando con todas esas angustias y van Marruecos y Estados Unidos y nos plantan un Apocalypse Now en medio de la marea. Indignante. De los norteamericanos se puede entender, pues el Bush se la tiene jurada a ZP desde lo de Irak, pero de Marruecos se esperaba cierto fair play tras el último viraje político del Gobierno central, y el progresivo acercamiento del Ejecutivo autónomo y la cúpula empresarial del Archipiélago. Tenía que haber truco. Y vaya si lo hay. Ayer mismo la Ser adelantaba que las maniobras, amén de marroquí-USA, son canarias, españolas y otánicas también. Es decir, del Occidente todo. Y nosotros con estos pelos. Tomen nota: España participa con varias fragatas y Gando será la base de apoyo de las aeronaves que participan en el ejercicio. Poco después, el propio Adán Martín, además de asegurar que el espacio elegido está lejos de las Islas (entre Agadir y Casablanca), confirmaba la presencia de varios países de la OTAN y de la participación del buque español Príncipe de Asturias. Ni que decir tiene que, a estas alturas, las protestas de Paulino Rivero ante la supuesta invasión se quedan, a bote pronto, en poco menos que en nada, y su iniciativa de preguntar en el Parlamento, como hizo ayer, de qué iba la cosa, bien podría habérsela ahorrado manteniendo la radio enchufada o charlando tranquilamente con su presidente y compañero de formación.
Llevamos más de un año, que se dice pronto, sumidos en procesos electorales y eso, quieran que no, acaba afectando de modo terrible a la psique. El lenguaje político, ya de por sí dado a la ambigüedad, la demagogia o la burda engañifa, adquiere en las campañas tintes de patetismo y esperpento, digamos que a partes iguales, en torno al cincuenta coma más coma menos pero procure no engordar por ciento. No podemos culpar a las europeas (las elecciones) del sinsentido que parece haberse impuesto definitivamente en la confrontación entre partidos, pues las salidas de tono y las rabietas infantiles que presiden estos comicios no son más que la consecuencia de lo que se ha venido cociendo en las citas anteriores.
La Unión Deportiva Las Palmas atesora el impagable mérito de haber logrado transmitir a los aficionados la firme convicción de que, por muy mal que parezcan ir las cosas, siempre podrán ir a peor. Con el descenso aún calentito en las mentes, las lenguas, las miradas y los gestos, la comidilla general en las tertulias oficiales e improvisadas no es la de ver cuál será el camino para recuperar la categoría, sino la de si el equipo será capaz de mantenerse en Segunda B o de si podrá eludir la desaparición. Finalmente el milagro, como el noventa coma noventa y nueve por ciento de ellos, no se ha producido y la realidad, terca y esclava del quehacer humano, ha impuesto su ley.
La fauna anda desmadrada, y no es para menos con la que sigue cayendo a escala local e internacional, tanto que las alucinaciones comienzan a cobrar forma, materia e identidad como si de una epidemia esquizoide se tratase. En Chile, por ejemplo, creen ver extraterrestres paseando por los jardines. Y no se trata de Pinochet, sino de una borrosa figura captada por un fotógrafo que tampoco se sabe a ciencia cierta qué quería fotografiar. El borrón puede ser eso, una mancha, un montaje, un niño con ictericia, un caniche sobre dos patas, el espectro errante de Neruda, una nueva escaramuza ubicua de Pepe Macías o hasta el bebé dance de Ally McBeal, pero todos coinciden en apuntar a un extraterrestre, un diminuto ET medio ebrio a la espera del OVNI de las cuatro y veinte en el verde inmenso del Parque Forestal. Delirante.
Los trenes canarios aún no cuentan con un miserable raíl donde posar sus vagones y ya nos tienen mareados, ahítos con ese chacachá machacón, picantillo y pseudoerótico que popularizaron las Hermanas Fleta a mediados del siglo pasado y que recreó con su maestría habitual El Consorcio hace un par de décadas. Al compás del chacachá, pues, se desarrollan el debate y el proyecto, otros más, en esta tierra Canaria que hierve en iniciativas de carácter portuario, golfístico (de golf, no se me crucen), urbanístico e intercomunicador.
Al fin, ya están aquí. Tras once años de súplica y desconsuelo, los debates electorales vía TV vuelven en todo su esplendor y capacidad de convocatoria. Nada menos que tres millones de almas ociosas se dedicaron a seguir la noche del pasado martes la primera de las confrontaciones anunciadas entre los máximos candidatos socialista y popular, José Borrell y Jaime Mayor Oreja, respectivamente, en estos comicios europeos. Y digo confrontación porque, como ya he señalado en alguna otra ocasión, esta suerte de mecanismo circense electoral dista mucho de lo que algunos quieren vendernos, es decir, de una expresión democrática de alto nivel. Nada más lejos. Los debates televisivos no son más que un rifirrafe en directo, un reality show, la herencia comercial del political spectacle estadounidense, y tanto peor cuanto mayor rango ostentan los contendientes.
Las Palmas de Gran Canaria cuenta a día de hoy con más boquetes que Sarajevo. A Pepa Luzardo parece que le ha entrado la fiebre de la obrita, el casco, el escombro y el martillo taladrador. No es cosa mala ésta de la mejora de las vías e infraestructuras urbanas, lo que uno no acierta a entender es el motivo por el cual todas ellas han de confluir en el tiempo y en el corazón de algunos de los puntos más conflictivos del tráfico rodado en la capital. De esta forma, al de por sí habitual embotamiento circulatorio hay que añadir los obstáculos propios de la construcción, que vienen a dejar el entramado de calles tal que circuito de Mónaco o pista americana.
Canarias es una fiesta, por mucho que le pese al París de Hemingway. Estamos de celebration, como lo estuvo la Rosa de España antes de la depresión, por eso de las elecciones europeas; y andamos de guatatiboa, felices cual chácara en romería, por el Día de la comunidad. Y es que somos más eclécticos que el magma que nos parió.
Fue el verano pasado cuando caí en la cuenta. Un corto recorrido por Sonneland, uno de los complejos de apartamentos y bungalós más importantes de Maspalomas, bastó para cerciorarme de que el sustrato del sector turístico estaba seriamente quebrado. De cada tres empresas hoteleras, dos permanecían cerradas, y la tristeza invadía las calles, los centros comerciales y los restaurantes de lo que recordaba como una zona alegre y bulliciosa. Desde entonces, las noticias y las confidencias han ido apuntando siempre en la misma dirección, el bache que ahora apenas comienzan a reconocer las patronales y las instituciones no es más que la punta del iceberg de lo que realmente ocurre y de lo que aún queda por ocurrir.
Mario Rodríguez ha sido proclamado finalmente, tal y como se vaticinaba, presidente de la Confederación Canaria de Empresarios. Cierto es que por un margen mucho más estrecho de lo que los analistas esperaban, lo cual viene a confirmar la notable ascendencia de Sebastián Sánchez Grisaleña, el otro candidato en disputa, entre amplios sectores del empresariado provincial. Estrecho margen de triunfo que, sin embargo, no resta un ápice de valor a una victoria que debe suponer necesariamente un golpe de timón radical en los modos y maneras con los que hasta ahora se ha venido conduciendo la máxima institución patronal de Las Palmas.