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Mangas Verdes

Mangas Verdes

No hagan juego, señorías

No hagan juego, señorías Ya me lo decía mi madre en su pertinaz papel de apasionada consejera: los casinos, hijo mío, son la perdición. Si los progenitores de María Australia Navarro y Francisco Hernández Spínola hubiesen sido advertidos de tal circunstancia a tiempo, tal vez como yo en la infancia, igual a estas alturas estarían más entretenidos en asuntos como el paro, la pobreza, la educación, la salud mental, la inmigración, la crisis económica, el acceso a la vivienda... en fin todos esos problemillas de andar por casa que tanto preocupan a la ciudadanía y tan poco, al parecer, a quienes tienen el deber de solucionarlos. Pero no, han decidido entrar de lleno en la cosa de la ruleta y el black jack, tirándose las fichas a la cabeza en una disputa que tiene su aquél, pero en la que, en definitiva, prevalecen los intereses de sectores más o menos privados, es decir empresariales en general (aunque algunos están que trinan).

No parece de recibo que el reparto de prebendas en un área económica que, en el campo del interés general, ni está ni se le espera, ocupe un lugar predominante en el templo de la representación popular que es el Parlamento, y mucho menos con esa pasión y ese ardor guerrero tan faltón y desmadrado que ya nos gustaría se diera, por un poner, en cualquiera de los escasos debates sobre los asuntillos anteriormente enumerados. Es como si de pronto el ser o no ser de nuestra región pasara por cero o cinco casinos más o menos y, con ser surrealista la cuestión, tampoco es como para portada del BOC o movilización multitudinaria.

Lo de María Australia, que es decir el PP, que es decir José Manuel Soria y, a lo que parece, es decir también el Ejecutivo canario en peso, es de rechifla. Se nos pone ahora en plan Agustina de Aragón de la causa antimonopolística y no en asuntos como la electricidad, las comunicaciones, el agua o el gas, sino, acérquense bien al texto, en el juego. Sí, han leído estupendamente. Y se muestra firmemente antimonopolista cuando, en realidad, no existe ningún monopolio, ya que cada uno de los casinos que funcionan en el Archipiélago son hijos de su padre y de su madre, es decir, de las distintas empresas que los gestionan en calidad de concesionarias. Bueno, sí que hay un monopolio, que es el del Estado, auténtico dueño y señor de esta actividad, pero no creo que Navarro se refiera a eso, que tampoco le vemos maneras de nueva Pasionaria. Y mantiene erre que erre su posición, a pesar de los informes que revelan el incipiente declive que experimenta el sector, la crisis turística y la firme oposición de la asociación nacional de casinos.

Lo de Hernández Spínola, que es decir el PSC, que es decir Juan Carlos Alemán y, a lo que parece, todo su entorno mediático, no le va a la zaga. Aun compartiendo su criterio, no entendemos el frenesí con que se han sumado a la partida en comparación con la tibieza con que suelen ejercer su papel de oposición en otras tablas.

Lo realmente lamentable sería que, al final, el cruce de acusaciones al que asistimos el miércoles en el Parlamento tuviera su correspondencia con la realidad. Es decir, que unos y otros no defendieran más que las cuentas corrientes de amigos y allegados. Lamentable y grave. Mucho. Demasiado.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
viernes 25 de junio de 2004
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Como la noche al día

Como la noche al día Es tiempo de balances. Las corporaciones locales que hace poco más de un año iniciaron sus mandatos tras el primero de los tres comicios que han marcado el rumbo de la política española en este corto período de tiempo viven estos días inmersas en una vorágine de informes, flashes y ruedas de prensa. Como era previsible, la visión del primer cuarto de las respectivas tareas institucionales es radicalmente distinta según el enfoque de gobiernos y oposición. Pero podríamos decir, sin riesgo de exageración, que en este caso se han pasado un pelo tanto unos como otros. Diríase que más que ante el balance de un año estamos ante el cómputo de un mandato completo, que mañana hay elecciones y que los partidos engrasan sus máquinas de generar demagogia sin límites a la búsqueda y captura del voto.

En estos trescientos sesenta y cinco días, jornada lectiva más jornada lectiva menos, ha habido de todo. Bueno y malo, acertado y erróneo, brillante y sórdido, impuesto y consensuado... Pero esa terrible catarata militante que nubla el horizonte de nuestros representantes públicos ha vuelto a cegar su campo de visión, dividiendo a su antojo los polos de una realidad que, como todas, no es nunca blanca o negra, sino blanca y negra a la vez, y gris, roja , verde, azul. Esta riqueza cromática que mueve al mundo, y sin duda a la política también por mucho parche de corsario con que algunos se manejan en sus análisis, queda estos días reducida a lemas tan grandilocuentes como esperpénticos y vacíos de contenido. De entre todos ellos, permítanme que destaque los siguientes:

– José Manuel Soria
(PP), presidente del Cabildo de Gran Canaria: “El Cabildo ha comenzado a ser el motor de la isla”.
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– Josefa Luzardo
(PP), alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria y Fallera Mayor de El Confital: “No exagero si digo que nuestra gestión ha sido modélica para todo el Estado”.
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– Carmelo Ramírez
(CC), portavoz nacionalista en la oposición en el Cabildo de Gran Canaria: “Soria ha logrado que el reloj del Cabildo camine, pero para atrás”.
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No se les puede negar a nuestros gobernantes y opositores un alto grado de coña, imaginación y mala milk, según convenga, a la hora de ovacionarse en público o descuartizar a su rival. Es algo que forma parte, al igual que los dichosos debates TV, de esa cuota de circo que poco a poco va ganando terreno al de la política con mayúsculas. Desde luego que cada uno de ellos aporta a su estribillo insustancial algunas estrofas cargadas de datos, argumentos y planes de futuro. Estrofas en las que, por arte de birlibirloque, las pifias se transforman en éxitos sin precedentes y los auténticos logros se sobredimensionan y se asumen como si de una obra personal, y no colectiva, de toda una comunidad, se tratase. En el otro extremo, exactamente lo contrario.

Echa uno en falta cierta capacidad para el análisis serio, profundo y equilibrado que precisa la ciudadanía. No una exposición de hitos y fracasos, sino la rendición de cuentas que el cargo, aunque a alguno se le olvide, conlleva. Servidores que son del pueblo al que se deben, harían bien en evitar espectáculos tan fatuos como bochornosos. Especialmente porque, como bien se ha visto en esta breve historia democrática, el ciudadano sabe llevar perfectamente su particular cuenta del debe y el haber de sus gobernantes. Es decir, que se los engaña poco o casi nada. Por tanto, si lo más que pueden ofrecer en estos balances periódicos es lo que está a la vista, mejor se ahorran y nos ahorran tanto ajetreo. Y a esperar el informe popular que se macera y que en tres años rubricarán, indefectiblemente, las urnas.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
jueves 24 de junio de 2004

Fenómenos

Fenómenos Fenómenos, somos unos fenómenos. Iñaki Sáez es un fenómeno. Villar es un fenómeno, Raúl es un fenómeno, el niño Torres es un fenómeno, los periodistas somos unos fenómenos y la afición es fenomenal. Somos así, por naturaleza, por historia, por entidad, por calidad y porque nos da la real gana. ¿Que nuestra selección lleva cuarenta años sin comerse un rosco en competición oficial? Da igual. ¿Que nuestros jugadores son incapaces de hacerle un gol al arco iris o de contrarrestar el terrible poderío de una potencia mundial como, por ejemplo, Grecia? Ya ves. ¿Que nuestros seleccionadores confunden cabezonería con táctica y estrategia, o buen juego con patadón y tentetieso? Y qué. Somos lo mejores y sobre eso no hay realidad, derrota, hecatombe o ridículo que prevalezca. Somos la furia roja, así, con un par lailolailo. Es decir, según recoge el Diccionario de la Academia, la demencia y la ira en grado sumo; pero en grana, que canta más.

Miren ustedes que era difícil, pero España ha logrado superar con creces sus participaciones anteriores. Ya no llegamos ni a cuartos de final. Bien lo decía Sáez antes de comenzar la competición: este equipo está llamado a hacer historia. Y tanto. Medio mundo dedica hoy sus portadas a la nueva gesta española: verse apeada de la Eurocopa en la primera fase por su manifiesta incapacidad para esto del fútbol. En esta ocasión no podemos echarle la culpa al árbitro, a la presión de la afición rival ni a la mala suerte: el colegiado estuvo genial, las gradas eran casi un cincuenta por ciento nuestras y Rusia le ganó a Grecia. Pero se ha mejorado en algo: ahora los jugadores se abrazan y miran al cielo para escuchar el himno, lo cual ya se ha visto que cohíbe y mucho al equipo rival.

No merece la pena ahora entrar en detalles ni buscar errores o culpables. España ha dicho adiós a las primeras de cambio porque fuera de nuestras fronteras no se entiende que eso de ser un fenómeno es algo que hay que respetar. La envidia, que los corroe. Hala, ahí va ese fenómeno, ni se te ocurra encajar un gol. Mira, el portero aquel es un fenómeno, a ver si le haces un siete. Estoy que no quepo en mí, hoy le he hecho tres caños seguidos al fenómeno de defensa que me quería tapar. A los hechos me remito. Porque fenómeno se nace y no se hace. Por ejemplo, si tu cuna está en Madrid o en Barcelona ya eres fenómeno a priori, sólo basta que te fiche el Atlético, el Barça o el Real y te dé por meter un gol. Entonces todo serán loas y alabanzas, tu cuenta corriente se disparará, serás seleccionado ipso ipso y jugarás fijo en el once titular salvo que te dé la malaria. Llegado ese caso, nos lo pensaremos.

Ahora, si procedes de... no sé, Canarias, Galicia, Extremadura... entonces llegar a fenómeno te va a acostar sangre, sudor y lágrimas. Así y todo, si te da por triunfar, pasarás a integrar la plantilla B de la categoría: es decir, la de fenómeno eternamente cuestionado.

Es el caso de Juan Carlos Valerón, el jugador que dio la única victoria a España en la Eurocopa y que impuso algo de criterio en el juego de nuestro combinado en los apenas sesenta minutos que disputó. El de Arguineguín confirmó punto por punto las expectativas que habíamos plasmado en nuestro artículo previo al inicio de la competición europea. Pero, claro, al hablar entonces de la hora de Valerón, no sabíamos que Sáez se lo iba a tomar tan al pie de la letra y reducir su participación a dos medias horas. Ni siquiera contra Portugal, equipo que derrochó talento y arte, el vasco supo aplicar el antídoto que el veneno luso precisaba. Y es que a fenómenos, elitistas, cabezones y altaneros nadie nos gana: pues que se habrá creído el tal Valerón.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
martes 22 de junio de 2004

Pa ella

Pa ella Vamos a ver. A mí que me lo expliquen, que me lo piquen menudo, como decimos por estos lares. ¿A qué viene lo de la paella en El Confital, teniendo el sancocho, el potaje de berros, la ropavieja o el caldito de pescado tan a mano? Por más que lo quiero entender, no logro explicarme el desaire de la alcaldesa hacia nuestro acervo gastronómico y costumbres más o menos ancestrales. ¿Es mejor el arroz que la batata? ¿Tiene más pedigrí una gambilla que un buen cherne resalado? ¿Inspira más el limón que una pella de gofio? ¿Es más confitalera la fritura de la huerta que la papa del país? ¿Qué se esconde detrás de esta mezquina operación de nuestra aspirante a supernena? ¿Constituyó la fiesta del pasado sábado una alegoría, una representación onírica de las verdaderas intenciones municipales sobre el futuro del paraje?

Puesto al habla con Lakomi Dakanta, prestigioso arquitecto hindú reconvertido en visionario del estómago tras su marginación de varios concursos urbanísticos, unos más abiertos y otros más cerrados, todo hay que decirlo, éste nos desvela dos aspectos fundamentales del enigma: a) optar por un platillo foráneo implica un golpe bajo a las tesis nacionalistas representadas en el guateque por Nardy de los Barrios; y b) supone una pista al alcance sólo de los iniciados (lectores y detractores de El Código Da Vinci, por un poner) de que el destino de esta zona costera volverá a estar, como en el caso del istmo, en manos extranjeras, bien del Levante, del Mediterráneo todo él, del Caribe o Miami, e incluso de la Indochina misma, pues –advierte–, bien en formato frijol, caldoso, a la cubana, integral, frito o tres delicias, tal es la extensión de la movida arrocera.

Sin embargo, sería Lakomi Dallena, hermano de Dakanta por parte de baja, famoso escultor de la alta Sajonia y, no obstante, masón hereditario en tratamiento de choque, quien nos hiciera partícipe de una revelación trascendental. Tras analizar el diámetro del grano empleado en el convite, la ausencia de carne en la paella, el color de las latas de cerveza, el volumen de basura generado, la cantidad más bien escasa de comensales, la presencia de excavadoras en zona tan protegida, el grito en el cielo de los ecologistas y la fugaz aparición de Arcadio Díaz Tejera; todo esto en conjunción con las declaraciones pre y posbacanal de la alcaldesa, el ritmo de la marea y la situación de Venus en relación al sol a eso de las catorce treinta... el hombre estaba fundido, la verdad. Cuarenta y ocho horas después, nos visitaba como poseído (pos eso):_había dado con la piedra filosofal y, como consecuencia del choque, traía vendada la cabeza. Pese a ello, logró dibujarnos una hipótesis inquietante: El Confital no es nuestro, acertó a balbucear, El Confital no será para ti ni para mí ni para la ciudad ni para el municipio... ¿No?, pregunté desconcertado. ¿No lo coges?, respondiome taimado. ¡No!, espeté acongojado. Pues está claro: El Confital es... (en esos momentos comenzó a guiñarme el ojo compulsivamente y a mover los dedos como quien abre una cerradura, pero sin llave)... El Confital es ¡pa ella!

Ni que decir tiene que lo despedí de inmediato, no sin antes recomendarle que dejara las pastillas, que son muy malas si se toman por docenas. Pero algo de inquietud sí quedó en el aire. ¿Sería capaz Pepa? Me pareció oír una risa en la lejanía, pero fue un lamento de Dallena, que había ido a dar con otra piedra, algo menos filosofal pero igualmente sólida y puñetera.

NOTA: También pensé en recabar la opinión de Mario Hernández Bueno, como especialista primero del condumio que es. Pero supuse que no le apetecería que lo importunaran con este tipo de majaderías.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
miércoles 23 de junio de 2004

Canarias libre, también (I)

Canarias libre, también (I) Los acontecimientos en torno a las relaciones Canarias-Marruecos se precipitan. Tras la reciente visita del presidente del Ejecutivo autónomo, Adán Martín, al país vecino y la puesta en marcha de diversos proyectos empresariales y de cooperación, las noticias, reacciones, posicionamientos e iniciativas se multiplican en los medios, a lo que hay que añadir el anuncio de las maniobras canario-españolas-otánicas-estadounidenses-marroquíes que se celebrarán el próximo mes en aguas internacionales a, dicen, cien millas al norte del Archipiélago. Se trata, como ya hemos expresado en otras ocasiones, del primer acercamiento institucional y económico serio y articulado de las Islas hacia el continente africano. Por más que algunos se inventen ahora lazos “históricos” entre ambos pueblos, argumentando “la cantidad de ciudadanos marroquíes que viven con nosotros” y remontándose a datos estadísticos de la época de la dictadura, de cuando la colonia española, para dibujar “una gran presencia comercial canaria en Africa”, lo cierto es que esa relación “histórica” a la que se hace referencia es, en todo caso, una historia de desencuentros; “la cantidad de ciudadanos marroquíes que viven con nosotros” se reduce a un 2,6% de la población frente al 22% de alemanes, el 12% de ingleses o el 8% de colombianos, por citar sólo los más significativos; y la “gran presencial comercial” queda reducida a una treintena de empresas con un peso testimonial, tanto en Marruecos como en el propio Archipiélago.

Estamos, pues, ante un momento histórico que debe ser administrado con altas dosis de prudencia y visión política. El punto caliente en estas incipientes relaciones bilaterales, que cuentan con el apoyo unánime del arco parlamentario regional y con las bendiciones del Gobierno central, es el problema del Sáhara. Un conflicto que a los canarios nos coge muy de cerca y al que el Ejecutivo deberá prestar especial atención para no caer en errores que puedan pasarle factura a él y al conjunto de la ciudadanía. La postura más coherente que puede defender el Archipiélago, quizá la única pacífica y viable, es la de aceptar las resoluciones de la ONU. En cualquier caso, es ésta una decisión soberana del pueblo canario que, afortunadamente, disfruta de un sistema democrático en el cual puede expresar su opinión, elegir libremente a quienes mejor representen sus intereses y deponer a aquellos que lo defrauden.

Ante este acercamiento, el Frente Polisario y algunos colectivos de militancia pro saharaui han optado por emprender una campaña de advertencias y reproches en un intento de interferir en dichas relaciones. Una postura que consideramos errónea y no demasiado considerada hacia un pueblo que no sólo le ha demostrado desde la descolonización su apoyo y su simpatía, sino que además se ha dejado varias vidas en la costa africana, en unos asesinatos cuya autoría y circunstancias están aún por determinar. Postura errática que no sabemos si ha sido trasladada igualmente a EEUU y Francia, países que sí se han manifestado abiertamente hostiles a los intereses de la RASD, pero que, desde luego, no parece la más adecuada para generar o renovar la adhesión canaria.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
sábado 19 de junio de 2004

Canarias libre, también (y II)

Canarias libre, también (y II) Básicamente, la postura del Frente Polisario respecto a las nuevas relaciones canario-marroquíes se reduce a dos apercibimientos: a) Canarias debe cuidarse de realizar acciones comerciales en el territorio del Sáhara, porque eso supondría de facto reconocer la soberanía marroquí y atentar contra la legalidad internacional; y b) Canarias debe defender la independencia del Sáhara porque con la RASD las relaciones serán más fáciles que con Marruecos. El primero de los puntos entra, efectivamente, en el terreno del derecho internacional y en el conflicto cada vez menos armado entre polisarios y marroquíes. En este sentido, no podemos estar más de acuerdo con la reivindicación saharaui, pues la apertura, desarrollo y consolidación de las negociaciones con el reino de Marruecos no sólo deben inscribirse dentro de la legalidad y de las resoluciones de Naciones Unidas, sino que entendemos que tienen que ir incluso más allá, promoviendo la rectificación del error histórico que supuso el abandono del Sáhara sin un proceso de descolonización que garantizara el derecho legítimo de sus habitantes a la autodeterminación. El Gobierno de Canarias debe ser especialmente hábil y cauteloso en este terreno para que la soberanía sobre el antiguo territorio español no sea utilizada como moneda de cambio en los acuerdos que se pretenda establecer.

El segundo de los aspectos es más discutible, pues se plantea en la esfera de las promesas y las buenas intenciones, es decir en el de la subjetividad. La posición que tome Canarias en el conflicto responderá a criterios de carácter político más que económico, pues si bien es cierto que el territorio alberga un notable caudal de riquezas, nadie puede aventurar a estas alturas qué manos las controlarán y qué empresas y países se verán involucrados en la construcción del país y en la explotación de sus recursos. De hecho, los propios dirigentes sahararuis han expresado en más de una ocasión que, una vez conseguida la independencia y en una relación de igual a igual, no tendrían inconveniente en establecer lazos comerciales con el propio Marruecos. A lo que yo añado Francia y EEUU, especialistas en rentabilizar conflictos, incluso en los que han jugado en contra.

El Polisario no puede exigirle a Canarias lo que ni él mismo está dispuesto a considerar: es decir la renuncia a unas relaciones estables y beneficiosas con su vecino. No puede hacerlo por dos razones fundamentales: a) porque estaríamos ante una intromisión intolerable en los asuntos internos de los propios canarios; y b) porque convendrán conmigo en que Canarias ha hecho ya por el Sáhara y los sahararuis más de lo que se le podía pedir: ha alimentado, instruido y albergado a su gente; ha prestado apoyo económico, sanitario, moral, cultural y político prácticamente sin límites; y ha sufrido en sus carnes la represalia marroquí por esto en asuntos como la pesca o el tomate. ¿Hasta dónde considera el Polisario que debe llegar Canarias en el apoyo a su causa? ¿Qué más debe poner en juego o a qué más debe renunciar?

El propio Mohamed Abdelaziz, presidente de la RASD, enviaba una carta a Mohamed VI en febrero como condolencia por el seísmo de Alhucemas, en estos términos: “En esta dolorosa ocasión, en nombre del pueblo saharaui y en el mío propio, quisiera presentar a Vuestra Majestad, a las familias de las víctimas y al hermano pueblo marroquí mis sinceras condolencias y mi simpatía”. Majestad y simpatía...

Particularmente, soy partidario de un Sáhara independiente o, cuanto menos, autodeterminado, pero no puedo intentar hacer de esa convicción personal bandera de todo el pueblo canario. Lo que sí puedo exigir es respeto a sus decisiones, sus relaciones y desarrollo. Sin reproches ni amenazas del exterior. Es una cuestión de tonos y reciprocidades. Es decir que Sáhara libre, vale; pero Canarias, desde luego, también.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
domingo 20 de junio de 2004

Foros y debates

Foros y debates Hablar es sano, sobre todo si no se hace solo, que dicen que es fatal. Compartir opiniones, contrastar criterios, matizar o variar consideraciones, en definitiva charlar, discutir o debatir son expresiones de una buena salud mental manifiesta. Sostienen los expertos de la psique que los extremos que se distancian de tal verdad conducen indefectiblemente a la locura. El ser privado de la comunicación, aislado en el gesto, la visión o la palabra empequeñece y se diluye en el paraje, como un elemento extraño de la naturaleza. Se vuelve casi animal, pero animal enfermo, atormentado por la contradicción entre consciencia e impotencia. Herido, perdido, desarmado. De igual forma, aquel que se arroga la exclusividad de pensamiento, quien en contacto con sus semejantes los ignora o los somete a sus consideraciones pervirtiendo o minando la esencia misma de la comunicación, ése también sufre de enajenación, de una demencia totalitaria que da lugar a la intolerancia, el fundamentalismo, la represión y la dictadura. El náufrago perdido en una isla desierta y el sátrapa que aborrece las diferencias se identifican en lo fundamental: ambos han sido desposeídos de su naturaleza humana.

Es precisamente en la consideración de ese amplio término medio que caracteriza al ser, el diálogo (el hecho comunicativo en toda su extensión), donde radica el máximo valor de la democracia, el que le da vida y al que se debe, más allá de los intereses concretos de los individuos y grupos que la conforman. Por eso, todas aquellas actitudes, iniciativas y resoluciones que faciliten y fortalezcan el intercambio de ideas, la interconexión intelectual, deben ser bienvenidas, al igual que deben ser denunciadas y repudiadas las que apunten hacia la obcecación, el fanatismo o lo que se ha venido en llamar el pensamiento único, propio de sistemas totalitarios.

En este sentido, hay que aplaudir los múltiples círculos de debate que se han puesto en marcha en el Archipiélago, desde sectores profesionales y colectivos ciudadanos, en torno a algunos de los principales problemas que afectan a las Islas, recuperando así una actividad que marcó los primeros años de democracia y que dotó a la Transición del vigor y el empuje que la caracterizaron (desde luego, no nos referimos aquí al circo de los embates electorales televisados, que ése es ya otro cantar). En este marco, hay que destacar el ciclo de conferencias que hoy inaugura el Foro Bentayga liderado por el ex presidente Román Rodríguez, un enclave de diálogo sobre las distintas visiones del Estado que cuenta con la participación de personalidades como Artur Mas, Anxo Quintana, Ramón Jáuregui y Miguel Herrero de Miñón. Rodríguez, sabedor de lo que se juega en esta legislatura, ha optado por traerse a Canarias el debate que prima ahora mismo en el ámbito nacional, antes que alejarse de su tierra para perderse por los sinuosos escaños de la carrera de San Jerónimo. Es una jugada inteligente que queda en el ámbito de la estrategia política y partidaria, pero que no resta un ápice de interés y acierto al proyecto.

Más inquietante resulta la actitud del PP en general, y de José Manuel Soria en particular, de rechazar cualquier controversia. Lo último, la incineradora de Juan Grande, enfrentándose incluso a Marco Aurelio Pérez, alcalde popular de San Bartolomé de Tirajana y partidario de un debate al respecto, con tal de mantener prietas las filas y diáfano el rumbo. Inquieta porque ya resultan demasiadas negativas al diálogo: frente marítimo, tren, salud mental... como para hablar de coincidencias. Soria debería recordar que gobierna una isla, pero no una isla desierta. Es éste un descuido que, de acentuarse, podría resultarle fatal.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
jueves 17 de junio de 2004

No hay gente pa tanta cama

No hay gente pa tanta cama La crisis turística a la que parecemos irremisiblemente abocados, y que algunos continúan empeñados en minimizar, comienza a conmover los cimientos del sector a escala nacional (no es, desde luego Canarias la única afectada por la recesión). Los empresarios, instituciones y demás estamentos implicados en esta actividad que ha supuesto uno de los mayores motores de la economía española en los últimos cincuenta años comienzan a rediseñar estrategias, pergeñar soluciones y corregir prácticas y conceptos. En definitiva, comienzan a reaccionar ante un oscuro panorama que sólo el imprudente se atreve a intentar clarear con mensajes caducos, frases grandilocuentes y brindis al sol que no sólo no sirven para tranquilizar al cliente, por lo general bastante bien informado y con intereses definidos, sino que posponen la reactivación de forma indefinida, con todo el riesgo que ello comporta.

Así, mientras en Canarias se sigue apostando por la llamada a la calma, la oda al teletubbie y la promoción exterior, en el resto del Estado se cargan las pilas y se establecen planes concretos para la recuperación. Es la “cirugía integral” de la industria turística que proponían los empresarios del sector el pasado lunes en la edición digital de El País. Una reivindicación que ha encontrado eco en Exceltur y su Proyecto de Reconversión Integral de Destinos Turístico (Pridet). Un marco de actuación basado en dos aspectos clave, la competitividad y la sostenibilidad, a través del cual se pretende adecuar la oferta a las nuevas demandas del mercado. Es el único camino posible para el sostenimiento de la importante cuota de éxito que el destino español ha cosechado en los últimos años y es, desde luego, la única opción que le queda a Canarias, quizás uno de los enclaves en el que menos previsor se ha sido y que más ha sufrido los efectos de la especulación y el pelotazo en su planeamiento (por llamarlo de algún modo) urbanístico y en su medio ambiente.

Entre los parámetros que marcan la filosofía del Pridet se encuentran algunos bastantes significativos y nada ajenos al debate que se está produciendo en las Islas: diversificación del producto, fomento de la calidad integral –entendida ésta como una apuesta por la movilidad y el transporte público, por la calidad medioambiental y por la rehabilitación y revalorización del patrimonio cultural– y la modernización de empresas y servicios. Es decir una racionalización de la actividad, una humanización de sus planteamientos y objetivos, y una modernización estructural de las empresas y de las administraciones.

Se trata, desde luego, de un planteamiento sensato y coherente, un auténtico manifiesto estratégico del que deberían tomar buenas nota nuestras consejerías, patronatos y empresas. Porque, si bien la promoción exterior es necesaria, en esta coyuntura no es ni la única ni la mejor solución para lo que se nos viene encima. Es un esfuerzo carente de sentido en la medida que falla lo fundamental: el producto. Y ya nadie está por comprar humo o cemento, y menos para pasar sus vacaciones.

Innovaciones concretas y audaces como la del museo Guggenheim, encuadrado en una visión global del desarrollo urbanístico de Bilbao, han aportado al País Vasco mayores beneficios económicos y prestigio que cien filas de apartamentos sobre la playa. Aquí, mientras tanto, preferimos preocuparnos de si construimos hoteles de cinco, cuatro o tres estrellas; de si renovamos los cuasi derruidos apartamentos del Sur o de qué arquitecto va a remodelar el istmo. ¿Para qué o para quién?, ¿dentro de qué planeamiento?, ¿a qué tipo de turista nos dirigimos? ¿Camas, camas y más camas? ¿Otra vez? Ya no hay gente para tanto catre, tanta ceguera y tanta desidia.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
miércoles 16 de junio de 2004

Aviso a navegantes

Aviso a navegantes Europa ha hablado. Bueno, la mayoría de ella ha optado por callar, que es otra forma de expresión y que, al menos en este caso, poco o nada tiene que ver con otorgar, sino más bien todo lo contrario. Cualquier demócrata en su sano juicio debería eludir en estos días el debate sobre quién ha ganado las elecciones y centrarse en el análisis y la autocrítica, es decir en qué tipo de Europa se construye y el porqué de ese rechazo generalizado, a través de ese impresionante mutis por el foro que ha sido la abstención, de casi el sesenta por ciento de la población.

Las excusas simplistas o interesadas ya no sirven ni confunde absolutamente a nadie. Decir que la deserción de las urnas se debe a la climatología, la playa, el fútbol o la acumulación en un año de tres citas electorales supone una reacción torpe ante un mensaje extremadamente grave. Quizás estos factores, especialmente el último, puedan haber tenido una parte de responsabilidad, mínima en cualquier caso, en Canarias y España, pero desde luego no bastan para explicar lo ocurrido ni son extrapolables al resto de los veinticuatro países miembros, donde la participación, lejos de elevarse ha llegado a ser realmente irrisoria.

El mensaje parece claro:_ni este modelo de construcción europea es compartido por la mayoría de los ciudadanos de la UE ni los representantes políticos han sabido conectar con la ciudadanía, ni para transmitir la importancia de lo que está en juego ni para, lo que resulta aún más grave, servir de correa de transmisión de los auténticos intereses, problemas y reivindicaciones de sus votantes (y abstencionistas), es decir de los pueblos a los que aspiran a representar. Si a esto le añadimos la inquietante merma democrática que supone la endogamia de la clase política, encerrada en sus propios parámetros, pagada de sí misma y claramente ajena al sentir popular, el cóctel resulta explosivo. El espectáculo al que ha tenido que asistir el pueblo español en las dos últimas citas electorales se asemeja más a los cánones que rigen la salvaje rutina del Serengeti que a los que debe imperar en una sociedad madura y democrática.

Es este divorcio entre política y sociedad lo que resulta realmente alarmante. Y es hacia él al que debe encaminarse el esfuerzo y el análisis de los partidos antes de valorar éxitos o fracasos particulares, que se presentan pírricos en cualquiera de los casos. Como ya expresé en mi artículo previo a la votación, estamos asistiendo, en lo que actividad pública se refiere, a la cultura del voto para hoy y hambre para mañana, es decir a la dilapidación irresponsable del sistema de libertades y de la confianza del pueblo en las reglas, el sistema y las instituciones en aras de un reparto del poder que, a la vista de los resultados en la calle, resulta vacío de contenido y de legitimidad moral.

Una lección de la que deben tomar buena nota en primer lugar los dos partidos mayoritarios, PSOE_y PP, así como el resto de las formaciones políticas y muy especialmente las de corte nacionalista, cuyo descalabro ha sido espectacular. En Canarias, Coalición Canaria ha perdido unos doscientos mil votos repartidos a partes casi iguales entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas, lo cual iguala por lo bajo los anteriores batacazos de ICAN.

Europa ha hablado, España ha hablado y Canarias casi más. El mensaje ha sido claro: construcción europea, puede; pero no de esta manera. Es un aviso a navegantes de ésos que ningún capitán inteligente debe soslayar. Del que debe sacar conclusiones y arbitrar medidas que ayuden a corregir el rumbo. La ruta que separa al sufragio del naufragio, sea éste local, autonómico, general, europeo o universal.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
martes 15 de junio de 2004

La hora de Valerón

La hora de Valerón El balón de la Eurocopa 2004 comienza a rodar esta misma tarde con el debut de la selección española en el campeonato, frente a Rusia, incluido en el menú del día. Los de Iñaki Sáez vuelven a enfrentarse al fantasma del bluf que ha acompañado al combinado español a lo largo de la historia de sus participaciones oficiales, un tanto menos en la competición europea, donde ha alcanzado un primer y un segundo puestos, pero claramente manifiesta en los mundiales, donde los propios errores, la mala suerte y las apreciaciones arbitrales han acabado siempre por negarle una corona que por historia y calidad sin duda merece.

En esta Eurocopa que hoy arranca, los ojos y las esperanzas de los canarios –y de una buena parte de los aficionados españoles– están centrados, amén de en el papel que realice el conjunto nacional, en la enclenque figura de Juan Carlos Valerón, el joven canterano de Arguineguín que ha logrado encandilar al mundo entero gracias a un talento sólo equiparable a los de leyendas como Pelé, Di Estéfano o Maradona. Que Valerón es hoy por hoy el jugador con más visión de juego y percepción artística del fútbol a escala nacional, europea e incluso internacional muy pocos son capaces de negarlo. Que sólo su espíritu tranquilo y afable, generoso y humilde han impedido que ese reconocimiento general se haya traducido en logros concretos, también. Y_que esa misma actitud apocada que mantiene tanto en los terrenos de la vida como en los de juego supone un freno a la realización plena de todo lo que atesora como deportista, más. Pero él es así, un pelotero con más alma de artista que de crack, más cercano a la melancolía propia de los románticos y a la modestia del sabio que a los efluvios pasajeros de la prensa del corazón, el marketing o el divismo desmesurado que caracterizan a la elite actual del fútbol.

Valerón ya no es un niño. Tiene veintiocho años y se encuentra a las puertas de una madurez que, en el caso de los futbolistas, precede de forma inmediata al retiro. En su caso, probablemente ese período se dilate algo más, pues no es la condición física precisamente el principal arma con la que cuenta. Pero, en cualquier caso, lo que todos esperamos es ver brillar a ese prodigio del balompié en todo su esplendor. Para ello, el grancanario deberá despojarse por unos días del hábito y enfundarse la casaca de guerrero, es decir añadir un poco de furia, constancia y ambición a su gran talento. Perdonen por la presunción, pero estoy convencido de que de él depende que la selección pueda por fin cambiar la historia y salir de Portugal con un título más en sus vitrinas. El combinado que dirige Sáez presenta todas las condiciones para la proeza: juventud, fuerza, calidad, pero si hay un jugador determinante en el último tercio ése es Valerón, claro está, cuando él mismo se gusta y se da cuenta.

Sé que a Juan Carlos este tipo de comentarios le resbalan. Pero también sabemos lo que es capaz de inventar sobre un rectángulo a poco que se lo proponga. Ramos de flores llama Joaquín a sus paredes. Picassos o Nerudas, diría yo. Pero, eso sí, la producción deberá ir unida al talento en ésta que es su hora. La hora de su Canto general, de su Guernica... o, por qué no, de toda su antología completa.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
sábado 12 de junio de 2004

Maniobras orquestales

Maniobras orquestales Si es que no ganamos para sustos. Los canarios no nos hemos recuperado aún –ni se atisba cuándo– de la sombra que proyectan los nubarrones de la crisis sobre el turismo en particular y el conjunto de la economía en general, de las prospecciones petrolíferas, del descenso de la UD, de los datos sobre los niveles de pobreza en la región, del revés de Ramón en Eurovisión, de la euforia folclórica del Día de Canarias o de la infantil partida de escondite que se traen entre manos Fernando Fernández y Manuel Medina en torno a los debates, que si tú, que si yo, que si aquí, que si allá... espectacular. Perdón, que me pierdo. Digo que todavía andamos penando con todas esas angustias y van Marruecos y Estados Unidos y nos plantan un Apocalypse Now en medio de la marea. Indignante. De los norteamericanos se puede entender, pues el Bush se la tiene jurada a ZP desde lo de Irak, pero de Marruecos se esperaba cierto fair play tras el último viraje político del Gobierno central, y el progresivo acercamiento del Ejecutivo autónomo y la cúpula empresarial del Archipiélago. Tenía que haber truco. Y vaya si lo hay. Ayer mismo la Ser adelantaba que las maniobras, amén de marroquí-USA, son canarias, españolas y otánicas también. Es decir, del Occidente todo. Y nosotros con estos pelos. Tomen nota: España participa con varias fragatas y Gando será la base de apoyo de las aeronaves que participan en el ejercicio. Poco después, el propio Adán Martín, además de asegurar que el espacio elegido está “lejos” de las Islas (entre Agadir y Casablanca), confirmaba la presencia de varios países de la OTAN y de la participación del buque español Príncipe de Asturias. Ni que decir tiene que, a estas alturas, las protestas de Paulino Rivero ante la supuesta invasión se quedan, “a bote pronto”, en poco menos que en nada, y su iniciativa de preguntar en el Parlamento, como hizo ayer, de qué iba la cosa, bien podría habérsela ahorrado manteniendo la radio enchufada o charlando tranquilamente con su presidente y compañero de formación.

Eso sí, que no proceda poner el grito en el cielo por lo que se suponía un despliegue militar foráneo frente a nuestras costas no es obstáculo para que se le saque los colores al ministro de Defensa y a todo el Ejecutivo socialista en peso por dos aspectos de este culebrón que sí resultan especialmente graves: que el Ejecutivo canario no hubiese sido informado con la antelación oportuna; y el hecho de que las maniobras se desarrollen en una zona especialmente sensible para la región –eso de que Casablanca está lejos parece casi una ironía–, no sólo por el debate en torno a la jurisdicción de las aguas, sino también y sobre todo por el impacto que este tipo de juegos bélicos tienen para el entorno. España no sólo no debería colaborar tan alegre y secretamente en esta colosal guirrea fingida frente a las costas canarias, sino que, en cualquiera de los casos, tendría que oponerse tajantemente en nombre de los intereses de los habitantes y del medio ambiente de las Islas. Si los socialistas desconocen la especial sensibilidad de los isleños hacia el mar que nos rodea (perforaciones, masiva muerte de zifios...), bien harían en buscar asesoramiento en su organización a escala regional. Si son conscientes de las mismas, entonces, queridos míos, los canarios vamos apañados otros cuatro años más.

Así, mientras José Manuel Soria y José Miguel Pérez se tiran los trastos a la cabeza por unos milloncejos de nada para financiar las obras de la prisión y del tren –euros mágicos, por lo patentes e invisibles que por momentos resultan ser–, el pacífico y sonriente ZP va y se gasta unos dinerillos en aviones y fragatas... Desde luego, para sustos es que no ganamos.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
viernes 11 de junio de 2004
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Irak, ¿de salida tampoco?

Irak, ¿de salida tampoco? Llevamos más de un año, que se dice pronto, sumidos en procesos electorales y eso, quieran que no, acaba afectando de modo terrible a la psique. El lenguaje político, ya de por sí dado a la ambigüedad, la demagogia o la burda engañifa, adquiere en las campañas tintes de patetismo y esperpento, digamos que a partes iguales, en torno al cincuenta –coma más coma menos pero procure no engordar– por ciento. No podemos culpar a las europeas (las elecciones) del sinsentido que parece haberse impuesto definitivamente en la confrontación entre partidos, pues las salidas de tono y las rabietas infantiles que presiden estos comicios no son más que la consecuencia de lo que se ha venido cociendo en las citas anteriores.

Hace tiempo que las formaciones políticas han renunciado a convivir con la realidad y a mantener una entente cordiale con la verdad, delegando su relación con el electorado, que viene a ser esa parte de la ciudadanía susceptible de emitir voto, en la visión subjetiva, cuando no directamente interesada, de los hechos. Es una perversión democrática que, desde luego no aventura nada bueno. Por de pronto, nos enfrentamos ya al escepticismo generalizado de la población, lo cual debería encender las alarmas en la conciencia de cualquier demócrata que se precie. Aún más si ese demócrata milita o ejerce cargos de responsabilidad en algún partido político. Al fin y al cabo, se supone a estas organizaciones el máximo interés por mantener viva la llama de la verdad, la pluralidad y el sistema democrático, y no dinamitarlos con acciones, verbos y omisiones tan mezquinas como temerarias. Eso es voto para hoy y hambre para mañana. Todo es del color del cristal con que se mira, cierto, pero algunos políticos parecen lucir espejos en lugar de lentes, láminas que sólo reflejan su visión y que les impide ver lo que ocurre un poco más allá de sus ilustres napias.

Así tenemos que el Partido Popular, que involucró a España de forma caprichosa y escasamente democrática en el conflicto bélico de Irak, exige del PSOE no se sabe bien qué justificación por la retirada de las tropas. Si parece poco el clamor de la ciudadanía, pues vamos apañados. Los socialistas, que tampoco en esto de las ótanes y de las guerras son unos hippies (remember De entrada no, Guerra del Golfo I o los Balcanes), han obrado en esta ocasión con la mayor de las justificaciones democráticas, es decir, con el sentimiento generalizado de la población a la que se deben tanto ellos como el PP. También es cierto que prácticamente era el único camino que les quedaba para intentar un vuelco electoral, pero en este caso concreto debo admitir que el medio casi me justifica plenamente el fin.
Ahora el PP arremete contra el apoyo español a la nueva resolución de la ONU, la 1.546, que establece el futuro inmediato del ex feudo de Sadam Hussein. Arremete contra el PSOE por secundarla, pero ellos mismos la apoyan, lo que viene a decir que ambos la ven acertada.

Pues bien, esta resolución dista bastante de lo mantenido por los conservadores y, desde luego, tiene mucho más que ver con la postura socialista. Entre los puntos más destacados podemos señalar dos que se me antojan fundamentales: uno, que la explotación del petróleo pasa a manos iraquíes; y dos, que, ahora sí, el Consejo de Seguridad autoriza la presencia de una fuerza multinacional. Nada que ver, pues, con el desafine de prima voce de Bus y el coro de las Azores, despreciando a la ONU y con la vista puesta en los pozos de oro negro. Es decir, con la postura del PP.

Probablemente el PSOE ande buscando a estas alturas la forma de reconciliarse con EEUU y nos sorprenda en breve con otra de sus acostumbradas marchas atrás. Pero en lo que a las tropas respecta, de salida ya se ha visto que sí. Y de sintonía internacional, parece que mucho más. Basta unas lentes ligeramente transparentes para caer en la cuenta.

Artículo publicado en El Mundo/La Gacetea de Canarias
jueves 10 de junio de 2004

Un club para el siglo XXI

Un club para el siglo XXI La Unión Deportiva Las Palmas atesora el impagable mérito de haber logrado transmitir a los aficionados la firme convicción de que, por muy mal que parezcan ir las cosas, siempre podrán ir a peor. Con el descenso aún calentito en las mentes, las lenguas, las miradas y los gestos, la comidilla general en las tertulias oficiales e improvisadas no es la de ver cuál será el camino para recuperar la categoría, sino la de si el equipo será capaz de mantenerse en Segunda B o de si podrá eludir la desaparición. Finalmente el milagro, como el noventa coma noventa y nueve por ciento de ellos, no se ha producido y la realidad, terca y esclava del quehacer humano, ha impuesto su ley.

Siguiendo con la lógica del despropósito, ahora toca el turno de las responsabilidades, el tic de las culpas que ya hemos analizado en alguna ocasión. Como si el pronóstico no estuviese claro desde hacia varias temporadas o como si la señalización del culpable, sin más, pudiera cambiar el presente o reconducir el destino. Así, unos cargan sus tintas contra el Cabildo por haber cedido un club saneado a un grupo empresarial; otros dibujan la diana en las frentes que conforman Gerencia Deportiva (el susodicho grupo empresarial); muchos prefieren personalizar los errores en la gestión de este o aquel presidente; bastantes (casi todos, la verdad) coinciden en señalar a Sabino López como principal dinamitador del proyecto; otros tantos encuentran en la labor de los distintos técnicos y responsables deportivos la raíz de todos los males; y algunos incluso culpan de todo lo ocurrido a la plantilla profesional. Luego, en menor medida, están quienes censuran que las instituciones hayan dejado sola a la UD y no se hayan hecho cargo del lastre económico que arrastra.

Como vemos, hay culpas para todos los gustos y todos los colores, siempre en torno al amarillo, claro está. Como también hay reposiciones despechadas: ya lo dije yo, si hubiera seguido fulanito, esto pasa por haber prescindido de menganito, si es que no dejaron trabajar a zutanito... En fin, que una vez más se impone el corazón (más bien partío en este caso), el capricho, el interés personal o de grupos determinados, las conveniencias políticas, la irreflexión y el comadreo de patio para intentar, desde luego sin éxito, analizar las razones que han llevado a la entidad a la penosa situación en la que se encuentra y trazar las líneas estratégicas que conduzcan a su recuperación.

El problema de la Unión Deportiva Las Palmas, independientemente de los problemas coyunturales por los que pueda atravesar, es el club en sí mismo. En el modelo de club, para ser más exactos. Anclado aún en la idea romántica de asociación deportiva que rigió buena parte de los destinos del balompié español en el pasado siglo, sus responsables –públicos y privados– han sido incapaces de renovar, reestructurar y modernizar una institución que hoy día continúa rigiéndose por los mismos esquemas y con los mismos modos de aquel histórico, pero ya caduco, sistema que lideró García Panasco. Las instituciones, por liberarse de una papa caliente políticamente incorrecta, y los empresarios, anclados en la cultura de la especulación y el pelotazo, han secuestrado la evolución de un club que se enfrenta a los extraordinarios avances, en lo deportivo y en lo económico, que experimenta el fútbol a escala internacional en este despertar del siglo XXI. Las diatribas sobre si Torres era mejor que De la Rosa, García Navarro peor que Tadeo, Uribe más guapo que Rodríguez o Reggi más feo que Rubén no constituyen más que escaramuzas sesgadas que distraen de la batalla principal. La batalla por la superación de esquemas y comportamientos decimonónicos, y por hacer de la UD ese gran club-empresa moderno, eficaz y laureado que todos los canarios nos merecemos. Si es que logra permanecer.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
miércoles 9 de junio de 2004/strong>

Expertos, sabios, alienígenas

Expertos, sabios, alienígenas La fauna anda desmadrada, y no es para menos con la que sigue cayendo a escala local e internacional, tanto que las alucinaciones comienzan a cobrar forma, materia e identidad como si de una epidemia esquizoide se tratase. En Chile, por ejemplo, creen ver extraterrestres paseando por los jardines. Y no se trata de Pinochet, sino de una borrosa figura captada por un fotógrafo que tampoco se sabe a ciencia cierta qué quería fotografiar. El borrón puede ser eso, una mancha, un montaje, un niño con ictericia, un caniche sobre dos patas, el espectro errante de Neruda, una nueva escaramuza ubicua de Pepe Macías o hasta el bebé dance de Ally McBeal, pero todos coinciden en apuntar a un extraterrestre, un diminuto ET medio ebrio a la espera del OVNI de las cuatro y veinte en el verde inmenso del Parque Forestal. Delirante.

En Canarias, sin ir más lejos, recurrimos a la figura bananera, por primitiva y descafeinada, de los comités de sabios y expertos para dirimir los asuntos peliagudos de la política regional. Partiendo de la base de que el buen sabio es aquel que no sabe nada, o del que cuanto menos así lo reconoce, uno no se explica qué sentido pueden tener tales comisiones iluminadas. Si de lo que se trata es de escurrir el bulto y buscar en las resoluciones de terceros una coartada, el Ejecutivo canario se equivoca de cabo a rabo, primero porque es una jugadita que se ve de lejos, y segundo porque supone renunciar a una de las máximas responsabilidades que conlleva el ejercicio de gobierno y para lo que ha sido votado: es decir, la toma de decisiones con todas sus consecuencias. Ahora, si de lo que se trata es de ampliar el juego democrático a la ciudadanía, déjese usted de sabios y expertos y abra la puerta a las asociaciones, colectivos, empresas e individuos que quieran o tengan algo que decir al respecto. No voy a entrar siquiera en la polémica en torno a las presencias familiares, ni las de los Mauricios ni las de los Díaz de Aguilares, pues entiendo que más allá del apellido están la capacidad, el trabajo y la subsiguiente rendición de cuentas al electorado. Sea con o sin pedigrí, con sospechas más o menos infundadas de nepotismo ilustrado, los comités de sabios me retrotraen a Platón y su sofocracia, es decir a ideales filosóficos y políticos igual de elementales, antiguos y alucinantes que el mars attack ése difuminado que ronda por los parques de Santiago de Chile.

Y_qué decir de El Confital. Im-presionante. Pepa Luzardo ha logrado en pocos meses lo que parecía un imposible, que ese espacio emblemático de la capital grancanaria pase a manos del Ayuntamiento para –dice, queremos, esperamos y permaneceremos expectantes– disfrute de los ciudadanos. Es otro aspecto de lo sobrenatural, el triunfo del tesón sobre las dificultades. Ya hemos advertido en alguna ocasión que en Pepa lo Fresita no quita lo gestora. Pues ahí tienen un botón de muestra más. Pero para que llegue a convertirse en nuestra alcaldesa supernena preferida le faltaría aún un poco más de sensibilidad social y un cierto distanciamiento de ese culto al dios del urbanismo. PPero sabemos que eso sería PPedirle demasiado. Como a un sabio que reconozca que no sabe nada, o a un ET despistado que saliera nítido en las fotos.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
sábado 5 de junio de 2004

El chacachá del tren

El chacachá del tren Los trenes canarios aún no cuentan con un miserable raíl donde posar sus vagones y ya nos tienen mareados, ahítos con ese chacachá machacón, picantillo y pseudoerótico que popularizaron las Hermanas Fleta a mediados del siglo pasado y que recreó con su maestría habitual El Consorcio hace un par de décadas. Al compás del chacachá, pues, se desarrollan el debate y el proyecto, otros más, en esta tierra Canaria que hierve en iniciativas de carácter portuario, golfístico (de golf, no se me crucen), urbanístico e intercomunicador.

Todo tiene su origen, al parecer, en la generación de unas partidas europeas para la puesta en marcha de planes relacionados con este medio de transporte. Canarias, que está por no perderse una, se apunta. No por la necesidad que las Islas puedan tener de tal, sino fundamentalmente porque renunciar significaría perder ni se sabe cuántos millones de euros. Y eso sí que no. Si Europa quiere trenes, tendrá trenes. Y, suponemos, que si ofreciera partidas para construir desiertos, lanzaderas espaciales, centrales nucleares, selvas amazónicas o canales de Suez, pues también nos apuntaríamos ipso facto, así haya que sumergir las Islas o volverlas del revés, que no está la cosa para despreciar remanentes. La pela es la pela, que diría Maragall, y luego ya se verá el proyecto, tampoco vamos a andarnos con porquerías.

Esa es la principal argumentación que esgrimen nuestras autoridades. La otra, la que de cuando en cuando expresan con la boca chica, es decir la de la necesidad de un medio de transporte alternativo para cubrir las distancias Norte-Sur en Tenerife y Gran Canaria es, paradójicamente, la fundamental. Y, desde luego, es ahí donde hay que centrar el debate.

Magdalena Alvarez, la nueva ministra de Fomento, ha puesto el dedo en la llaga, la china en el trazado para mantener el contexto. Ella, como la inmensa mayoría del común de los mortales, flipa un poco con esto de trenes de alta velocidad en territorio tan reducido y fragmentado. De alta velocidad, velocidad alta o como quieran llamarlo. En Gran Canaria, por ejemplo, tendría sólo una parada, suponemos que para frenarlo un poco antes de que se salga de la isla. En Tenerife ni se sabe, pero seguro que serán por lo menos dos. Ahí radica precisamente una de las mayores contradicciones del invento, pues –dejando a un lado la coña de la pérdida de partidas– si de lo que se trata es de mejorar las comunicaciones insulares y el servicio a los usuarios de zonas perjudicadas, por qué una sola parada, o dos o tres. Por qué no en todos o en los más importantes núcleos de población por los que atravesaría.

Estoy abierto a la posibilidad de asumir el tren como solución alternativa al problema de las comunicaciones insulares. Ciertamente, las Islas no admiten ya mucho más alquitrán. Pero en todo caso, deberíamos estar hablando de un ferrocarril dimensionado a nuestras características físicas (a las del territorio), cuya puesta en marcha no suponga un atentado contra el medio ambiente, integrado en el paisaje, útil para la ciudadanía y no sólo para el turista y, a poder ser, de rimo pausado, que permita el disfrute del viaje y de las vistas. Estoy completamente convencido de que Europa sabría valorar nuestras especificidades y adaptar la inversión a las mismas.

Claro, que para eso haría falta que algunos de nuestros políticos descendiesen de cuando en cuando del Olimpo en el que parecen habitar y se dieran una vueltita por la Tierra. A poder ser en ferrocarril de cercanías, relajaditos, con los ojos bien abiertos y fijos en el horizonte. Al compás del chacachá, como quien dice, del chacachá del tren.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
viernes 4 de junio de 2004

Embates

Embates Al fin, ya están aquí. Tras once años de súplica y desconsuelo, los debates electorales vía TV vuelven en todo su esplendor y capacidad de convocatoria. Nada menos que tres millones de almas ociosas se dedicaron a seguir la noche del pasado martes la primera de las confrontaciones anunciadas entre los máximos candidatos socialista y popular, José Borrell y Jaime Mayor Oreja, respectivamente, en estos comicios europeos. Y digo confrontación porque, como ya he señalado en alguna otra ocasión, esta suerte de mecanismo circense electoral dista mucho de lo que algunos quieren vendernos, es decir, de una expresión democrática de alto nivel. Nada más lejos. Los debates televisivos no son más que un rifirrafe en directo, un reality show, la herencia comercial del political spectacle estadounidense, y tanto peor cuanto mayor rango ostentan los contendientes.

El embate, que no debate, entre los dos viejos rockeros del bipartidismo nacional, cumplió con todos los preceptos del género: bombardeo publicitario previo en la cadena de turno, exageración desvergonzada de su trascendencia, puesta en escena digna de estrellas del pop, cruce de acusaciones y reproches mutuos, y exhaustiva labor de los jefes de gabinete-managers, psicólogos y estilistas. Democracia en estado puro, que lo llaman.

Ciertamente, a los euroescépticos y a los indecisos, esta nueva refriega popular-socialista no les ha ayudado demasiado –otra constante en la ley del debate electoral–, sino más bien lo contrario. Lejos de la explicación serena y meditada, pedagógica, de las líneas programáticas de cada cual, y su discusión sosegada, clarificadora y argumentada, el estilo de la máxima expresión democrática impone el insulto, el ninguneo, la demagogia y la ridiculización. El culto a la barbarie y a la perversión intelectual, factores de los que este país en general, y la televisión en particular, ya van sobrados. Se habló de Bush, de González, de Irak, de Aznar, de ZP of course, del 11-M, de terrorismo etarra e islamista, de mentiras y hasta casi de sexo y cintas de vídeo. ¿Europa? Bien, gracias. Bueno sí, algo se dijo sobre la Constitución Europea y las grandes aportaciones de PSOE_y PP a la unidad continental.

Pero, ¿qué ofrece cada partido en los aspectos concretos?, ¿cuáles son las diferencias fundamentales de sus líneas de actuación?, ¿qué resultado práctico pueden acarrear a la economía, la sociedad, la cultura cada una de las opciones?, ¿qué herramientas se ofrece al ciudadano de a pie para escoger entre una u otra sigla? Mutis por el foro. ¿Pero qué pasa con los fondos estructurales, con la política exterior común, con las consecuencias de la reciente ampliación, con la política de seguridad y defensa, el pacto de estabilidad, los planes de comunicación, el software libre, las reformas de las legislaciones fiscales, mercantiles y administrativas de los estados para facilitar el mercado común, el euro...? O, en lo que atañe a Canarias de una forma directa, el estatus de las regiones ultraperiféricas, el plátano, las políticas sobre inmigración, la libre circulación de personas versus control de residencia, la delimitación de las aguas....

Si ya de por sí resulta muy poco democrático circunscribir los anhelados debates a los dos partidos mayoritarios (como si IU o CC, por un poner, no tuvieran nada que decir al respecto), todo en aras de las audiencias y el prime time, el formato y el contenido de los mismos se manifiestan simplemente alienantes y embrutecedores, protofacistas incluso, que espetaría algún filósofo de corte humanista.

Los medios usan adjetivos como “vibrante”, tal candidato fue más “brillante” y este otro “reservón”. Tal que un combate de boxeo o un partido de fútbol. Algunos siguen empeñados en descubrirle valores a esto, allá cada cual y su idea de democracia. Pero para un servidor, antes que debates, éstos siguen siendo embates. En toda regla.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
jueves 3 de junio de 2004

Obras por un tubo

Obras por un tubo Las Palmas de Gran Canaria cuenta a día de hoy con más boquetes que Sarajevo. A Pepa Luzardo parece que le ha entrado la fiebre de la obrita, el casco, el escombro y el martillo taladrador. No es cosa mala ésta de la mejora de las vías e infraestructuras urbanas, lo que uno no acierta a entender es el motivo por el cual todas ellas han de confluir en el tiempo y en el corazón de algunos de los puntos más conflictivos del tráfico rodado en la capital. De esta forma, al de por sí habitual embotamiento circulatorio hay que añadir los obstáculos propios de la construcción, que vienen a dejar el entramado de calles tal que circuito de Mónaco o pista americana.

La Isleta, el Barranquillo de Don Zoilo, el mismo Paseo de Chil o, desde ayer, Néstor de la Torre forman parte del amplio abanico reformador que el Ayuntamiento ha puesto en marcha, unas veces por asuntos de cables, otras por tuberías e incluso por aparcamientos, que si la cuestión estriba en un por qué, de eso lo hay y mucho en la agenda del gobierno municipal. Luego están las otras, las particulares, que pasan un tanto más desapercibidas en su condición de privadas y, en principio, escasamente invasivas , pero que por la misma razón logran mantenerse un tanto al margen del control que debe velar por la corrección en las actuaciones. Es el caso de La Cornisa, en donde las obras del polémico pasaje hacia las nuevas viviendas en construcción dejan un reguero de áridos por la carretera que ya ha dado más de un susto a conductores en general, y motoristas en particular, que suelen ser los primeros en salir volando a poco que aparezca una china sobre la calzada.

La ciudad está siempre de lifting, como quien dice, de renovación y recreación perpetua. Y, como todo cambio de imagen, éste conlleva también una serie de sacrificios de los que bien podrían documentarnos monstruos del bisturí y la pantalla como la Sara Montiel, la Tamara o la Loli Alvarez. Pero Pepa no es de ésas. Ni de lejos. Ella, dicen, no flirtea con la dermoestética, ni falta que le hace dicen también, pero en su defecto somete al municipio a una liposucción descomunal y acelerada repartiendo socavón y drenaje como caldito en verbena. Desconocemos a qué tipo de planificación responde tanta reforma sincrónica o a qué doctor habrá que achacarle el tratamiento. Pues no es normal, ni en cuerpo ni en urbe alguna, acometer más de una operación al mismo tiempo, y menos sin tiempo para el reposo y la cicatriz, es decir para una digna convalecencia.

La capital grancanaria se encuentra, pues, abierta en canal, como Venecia, pero en seco y polvoriento. Y sólo se me ocurre que esta proliferación de obras tenga como explicación la urgencia que requiere finiquitar las obras menores ante las impresionantes actuaciones que se nos vienen encima, a saber: la transmutación de la isla en continente (o sea, la edificación del istmo) y el derribo del escaléxtric para la recuperación, dicen, del barranco de Guiniguada.

Tal aceleración inusitada nos lleva la conclusión de que en el entramado urbanístico municipal, portuario e insular las cosas se mueven a un ritmo frenético, y que los pilares de los dos macroproyectos señalados se encuentran en estadios más avanzados de lo que uno podría esperar. Obras por un tubo para allanar el camino a otras nuevas y más grandes. El cuento de nunca acabar. Y mientras, los arquitectos foráneos de visita, cual cirujanos plásticos que atienden a su clientela. Suponemos que encantados de la vida. Total, la ciudad está que da penita, pero, en el fondo, no es fea.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
miércoles 2 de junio de 2004

Celebrations y guatatiboas

Celebrations y guatatiboas Canarias es una fiesta, por mucho que le pese al París de Hemingway. Estamos de celebration, como lo estuvo la Rosa de España antes de la depresión, por eso de las elecciones europeas; y andamos de guatatiboa, felices cual chácara en romería, por el Día de la comunidad. Y es que somos más eclécticos que el magma que nos parió.
Somos puente entre continentes y entre viernes y martes también, que algo de la herencia visigoda se nos tenía que pegar. Pues si hay algo de lo que ni el más independentista reniega es de la cultura del jolgorio, la verbena, la jullona y el puentito de fin de semana que tanto caracterizan al español medio. Bueno... medio, portero, ariete y central. Estamos de fiesta una vez más, y eso hay que celebrarlo, como quien dice, con alegría y prudencia, en plan DGT, que tampoco es cuestión de que la resaca te impida gozar de las vacaciones que, en nuestra apretada agenda no lectiva, se encuentran también como quien dice, a la vuelta de la esquina.

Europe’s living a celebration, y el Archipiélago más, faltaría plus. Ahí están los triunfitos isleños, a saber: Manuel Medina, Fernando Fernández y Alfredo Belda, dispuestos a destrozar el récord de votos vía urna, SMS o lo que haga falta para ser la voz de Canarias en Bruselas, tal que Tony Santos o Ramón del Castillo, pero sin cuerpo de baile ni majadería académica. Los tres tienen claro el objetivo y los tres apuntan maneras. Pegando carteles se salen, y eso es algo que en Europa se aprecia en lo que vale. Luego están la melodía y la letra. En lo segundo, sobresaliente. El estribillo es pegadizo, de esos que se te meten en la cabeza: “Estar en Europa para decidir”, “Canarias se la juega” o “Fuertes para defender nuestros intereses”. Bien. En cuanto a la música, pues no está mal, algunos comienzan desafinando, pero es lo que tiene el directo, que al principio te puede el pánico escénico, y al final acabas encandilando. O no. Que a algunos los tembliques y los desentonos les acompañan de por vida. Pobrecito de Dios, si lo suyo era la Biología aplicada. Pero, mamá, yo quiero ser artista. Y sanseacabó.

Lo malo en este caso es la previsión de audiencia. Las encuestas más optimistas señalan que ni el cincuenta por ciento de los españoles (de los canarios ni les cuento, que como les digo andamos en fiestas) tiene intención de seguir la gala y mucho menos de participar en los comicios. Lo cual no merma en absoluto la importancia y trascendencia de lo que se decide el 13-J. ¡Valor, y al toro!, le gritaron a Manolete, y ya sabemos todos como acabó. Y es que las europeas ya no son lo que eran (las elecciones), y menos aún aisladas de esas otras generales y autonómicas que tanta expectación generan.

Pero por aquí la cosa, en principio, no preocupa demasiado. Al menos, y por la cuenta que nos trae, no todo lo que debiera. Conmemoramos el Día de Canarias como se merece. Las Islas, sus tierras y sus gentes, se engalanan y desparraman en pos de una identidad que cada cual identifica a su manera. Celebramos el paro, la delicada coyuntura económica, la crisis turística, el precio de la vivienda... ah, y veintitantos años de autonomía, que viene a ser el leitmotiv de la fiesta. ¿Quién dijo miedo? Ya lo decía mi abuela, si hay miseria que no se note. ¡Que corra la isa, la folía, ese peazo himno esotérico, el fajín, la mantilla, el cachorro, los vinitos de Icod y el Monte, la papa, la carajaca y la jarea! Pues no somos nadie cuando olemos un tenderete. No todo van a ser debates, guerras, bodas reales y penas. Ánimo para los que andan de celebration y más para los que están de guatatiboa. Yo mismo me pongo el mundo por montera. Feliz Día de Canarias, y suerte a los triunfitos en las europeas.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
sábado 29 de mayo de 2004
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Horizonte de crisis

Horizonte de crisis Fue el verano pasado cuando caí en la cuenta. Un corto recorrido por Sonneland, uno de los complejos de apartamentos y bungalós más importantes de Maspalomas, bastó para cerciorarme de que el sustrato del sector turístico estaba seriamente quebrado. De cada tres empresas hoteleras, dos permanecían cerradas, y la tristeza invadía las calles, los centros comerciales y los restaurantes de lo que recordaba como una zona alegre y bulliciosa. Desde entonces, las noticias y las confidencias han ido apuntando siempre en la misma dirección, el bache que ahora apenas comienzan a reconocer las patronales y las instituciones no es más que la punta del iceberg de lo que realmente ocurre y de lo que aún queda por ocurrir.

Los representantes empresariales se han creído hasta la fecha en la obligación de mantener en secreto la crítica situación por la que atraviesa la denominada industria del ocio en Canarias, su principal fuente de riqueza, entendiendo que dar la voz de alarma supondría generar el pánico y dañar la imagen del sector dentro y fuera de nuestras fronteras. Ese ejercicio de responsabilidad y proteccionismo resulta loable y altamente efectivo ante crisis leves de carácter coyuntural, pero se revela profundamente inútil y contraproducente si el retroceso es producto de una depresión más amplia, de orden estructural. Las últimas iniciativas sectoriales, como la constitución de un gabinete de crisis por parte de los empresarios de hostelería y turismo de Las Palmas, confirman la tesis de que estamos ante el segundo de los supuestos y que la patronal ha decidido, al fin, activar los mecanismos de urgencia necesarios para prevenir y contrarrestar los efectos de la involución, así como aquellos que conlleven a la búsqueda de soluciones urgentes y efectivas.

Las instituciones, especialmente los patronatos de Turismo insulares y el Gobierno de Canarias, continúan, aunque hay que reconocer que cada vez en menor medida, adoptando la táctica del avestruz. Proclaman el “no pasa nada” (o de unas semanas a esta parte: “pasa, pero pasa poco), como si el verbo pudiera efectivamente hacerse carne y habitar entre nosotros. Imbuidos de ese carácter protector del que también han hecho gala los empresarios, continúan con sus, por otra parte necesarias, tareas de promoción exterior, perdiendo quizá un tiempo precioso para la reflexión y la búsqueda de remedios y alternativas.

Pero, como hemos dicho, la relativa quietud que se respira en la superficie no puede ocultar ya por mucho más tiempo el terremoto que se fragua en las profundidades. Los comerciantes, pequeños restauradores y hosteleros de a pie saben bien lo que decimos porque son los primeros en advertir los síntomas y encajar antes que nadie sus golpes. Ellos hace tiempo que vienen estableciendo un paralelismo entre la situación actual y las primeras manifestaciones del crack turístico de finales de los ochenta. Y de esto saben algo. Desde luego, mucho más que un servidor. Son los vigías de la economía por su especial sensibilidad a las transformaciones. Y, al parecer, en esta ocasión, tampoco vuelven a andar muy desencaminados.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
viernes 28 de mayo de 2004

Se demuestra andando

Se demuestra andando Mario Rodríguez ha sido proclamado finalmente, tal y como se vaticinaba, presidente de la Confederación Canaria de Empresarios. Cierto es que por un margen mucho más estrecho de lo que los analistas esperaban, lo cual viene a confirmar la notable ascendencia de Sebastián Sánchez Grisaleña, el otro candidato en disputa, entre amplios sectores del empresariado provincial. Estrecho margen de triunfo que, sin embargo, no resta un ápice de valor a una victoria que debe suponer necesariamente un golpe de timón radical en los modos y maneras con los que hasta ahora se ha venido conduciendo la máxima institución patronal de Las Palmas.

Hay motivos para el optimismo. En primer lugar porque, a excepción de algunos rifirrafes esporádicos y declaraciones fuera de lugar, el proceso electoral se ha desarrollado dentro de las normas que rigen el juego limpio, rozando casi la normalidad democrática. En segundo lugar, porque ha sido el propio derrotado quien se ha apresurado a estrechar la mano del vencedor y en declarar su predisposición para la colaboración en aras de reconducir la línea del órgano empresarial. En tercer lugar, por la postura prácticamente unánime de los representantes sectoriales abogando por un cierre de filas en torno al nuevo presidente. Y, por último, por el propio talante de Rodríguez, quien, a priori, parece tener claros los objetivos, los procederes y, sobre todo, los errores en los que no se debe volver a incurrir. Quienes abogamos desde hace tiempo por la renovación de la CCE, no en lo que a personas se refiere, sino en su línea de actuación y en el papel que debe jugar como motor, junto a la CEOE, de la economía canaria, en un momento especialmente delicado, saludamos al nuevo gobierno de la patronal con esa dosis de confianza que todo nuevo proyecto merece. Igual hubiera sido si la balanza electoral se hubiese inclinado a favor de Grisaleña porque, lejos de los personalismos, reinos de taifas y actitudes egoístas de grupos y personas, lo que prima es la resolución conjunta de los graves problemas que afectan al mundo empresarial y laboral, y la asunción de los planes pertinentes para la expansión de la economía canaria más allá de nuestras fronteras.

Igual que hay motivos para la esperanza , existe también un espacio para la inquietud. La preocupación derivada de la certeza de que las luchas intestinas que hasta ahora han imperado en el órgano empresarial no se pueden acabar de un día para otro. Los múltiples y variopintos intereses de los distintos sectores y el papel que los diferentes lobbys han venido jugando en los últimos tiempos amenazan seriamente el proyecto. Para evitar el fracaso será esencial que todos aquellos que se han manifestado a favor de la unidad y del apoyo a la nueva era que ahora se inicia sean capaces de confirmar esa predisposición en la práctica y que quienes hasta ahora se han parapetado tras el búnker de su interés particular deriven su empeño hacia ese ejercicio de generosidad del que el interés común anda tan necesitado. La tarea se presenta difícil, pero desde luego que si ha existido un momento en las tres últimas décadas para superar esos obstáculos es precisamente éste.

El movimiento se demuestra andando; y el reposo, también, porque sin meneo no hay quietud. Los abrazos y las palabras están muy bien (de eso tenemos para dar y regalar en los archivos del periódico), pero mucho mejor será el compromiso militante, esforzado, sincero y cotidiano por alcanzar el objetivo anhelado de eficacia y unidad.

Artículo publicado en El Mundo/La Gaceta de Canarias
miércoles 27 de mayo de 2004
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